Una frase que retumba en tiempos de asistencia financiera externa al Gobierno de Javier Milei. Estados Unidos, a través de la conexión entre el presidente Donald Trump y su par argentino, cuenta con una intromisión en la política económica del país. Una situación que genera que, a través de las redes sociales, muchas personas lamentan la partida de Diego en 2020 y la ausencia de sus críticas filosas: “¿Qué hubiera dicho Diego?” o “¡Cuánta falta nos hace Diego!”.
Es que Maradona fue un rebelde. Un tipo que peleó contra los poderosos de turno en diferentes niveles: el brasileño Joao Havelange y el suizo Joseph Blatter en la FIFA, o a Mauricio Macri, mientras era presidente de Boca y luego mandatario del país. Siempre fue leal a sus convicciones -ya sean acertadas o no- pero mantuvo una línea de coherencia contra determinadas estructuras. Si hasta se animó a crear el primer sindicato de futbolistas a nivel internacional. Todos gestos que generaron respeto, admiración y cariño entre sus pares, pero también resentimiento en algunos dirigentes…
En la cultura popular se repite que “el pueblo no olvida a quien no lo traiciona”. Maradona tuvo grandes actos patrióticos, defendió la camiseta de la Selección argentina y la bandera. Quedó en la memoria popular aquella tarde en el Olímpico de Roma, en la previa a la final del Mundial 90 contra Alemania, cuando los hinchas italianos silbaron el himno como reacción a la victoria albiceleste en la semifinal a través de los penales. “¡Hijos de puta!”, fue el insulto del 10 frente la cámara: “Lo volvería hacer porque ellos no estaban respetando mi himno. El himno argentino en todo el mundo se aplaude, como yo aplaudo al español o al italiano. Cuando se estaba escuchando, fue una silbatina general. Cuando vinieron los italianos me dijeron que tenía que pedir perdón por mi insulto, les dije que cuando todo este estadio a mi me pida perdón por el himno, yo voy a pedir perdón a los italianos“.
Aquella Copa del Mundo fue un quiebre para Diego, que había llegado en 1984 a Nápoles, transformó la historia del club del sur y lo llevó a dar vueltas olímpicas. Sin embargo, el Pelusa siempre tuvo la mente y el corazón puesta en Argentina: ” Yo ya me compré los terrenos en Buenos Aires y me hago la casa allá. Me voy a vivir a mi país, donde nací. Le agradezco mucho a los italianos todo lo bien que me trataron, los napolitanos, vendré de vacaciones, pero mi país no lo cambio por ninguno“.
Maradona es un símbolo de la cultura argentina. Un referente histórico, que se convirtió en leyenda por su historia personal y también por la épica que escribió. Es una historia que aparece como irrepetible e inigualable. Y él lo tenía muy claro. La Mano de Dios y el mejor gol de la historia fueron esas dos obras de arte contra Inglaterra, por los cuartos de final de México 1986, desahogaron a un país que tenía muy presente la guerra de Malvinas de 1982. Así, se selló el vínculo eterno entre el 10 y el pueblo, como lo explicó en TyC Sports: “Soy un tipo normal que por hacerle un golazo a los ingleses que nos mataban a los pibes en Malvinas, hoy todo el mundo me reconoce. Porque el abuelo se lo contó al padre y el padre se lo cuenta al hijo. Pero soy un tipo totalmente normal. ¡Viva Argentina, viva la Patria y soy más argentino que nunca!“.
Con información de C5N

