El Virus del Papiloma Humano (HPV) es una infección de transmisión sexual frecuente en el mundo. La mayoría de las personas lo contrae alguna vez y, en la mayor parte de los casos, el organismo lo elimina en forma espontánea. El riesgo aparece cuando la infección persiste y puede generar lesiones que, con el tiempo, evolucionen hacia distintos tipos de cáncer.
“La infección por el virus del papiloma humano es muy frecuente en el mundo. Afortunadamente, la mayor parte de la población la resuelve en forma espontánea y satisfactoria. En los casos en que persiste puede generar lesiones vinculadas al cáncer, particularmente el cáncer de cuello uterino”, explicó la médica oncóloga María Alejandra Di Gregorio, referente del Programa de Prevención del Cáncer de Cuello de Útero de la provincia de Santa Fe.
Aunque el cáncer de cuello uterino es el más prevalente, el HPV también se asocia, con menor frecuencia, a cáncer de ano, vulva y vagina. Y también afecta a los varones.
Vacunación: cobertura en descenso
La herramienta central de prevención es la vacuna, que en Argentina se aplica a niñas y niños de 11 años con una sola dosis. En el caso de los varones, la inclusión en el calendario comenzó en 2017 para los nacidos en 2006.
“Actualmente se vacunan niñas y niños de 11 años. Eso ha mejorado muchísimo la posibilidad de incrementar la cobertura poblacional”, señaló Di Gregorio.
Sin embargo, los últimos datos oficiales del Ministerio de Salud de la Nación muestran una tendencia descendente en las coberturas. En 2025, a nivel nacional, la vacunación contra el HPV alcanzó apenas el 55,5% en mujeres y el 50,9% en varones.
En Santa Fe, los porcentajes son aún más bajos: 52,6% en mujeres y 46,7% en varones.
La especialista recordó que el impacto de la vacunación se verá recién a largo plazo. “Las niñas se vacunan a los 11 años, pero el cáncer de cuello uterino tiene un pico máximo en la década de los 40. Para evidenciar el impacto de la vacunación tienen que pasar más de tres décadas”.
Detección temprana y tratamiento
En prevención secundaria, el eje es el Papanicolaou (PAP), indicado a partir de los 25 años. La provincia cuenta con tres laboratorios que procesan las muestras: uno en el centro norte, otro en el sur —en Rosario— y un laboratorio regional en Venado Tuerto. Los datos se cargan en el sistema provincial informatizado.
Cuando un PAP resulta alterado, se realiza una colposcopía y, si se observa una lesión, una biopsia. “Podemos detectar lesiones precursoras y, si las tratamos, evitamos que evolucionen hacia el cáncer”, explicó Di Gregorio.
También se está incorporando de manera progresiva el test de HPV en mujeres mayores de 30 años, priorizando los departamentos con mayor mortalidad por cáncer de cuello uterino: Vera, General Obligado y 9 de Julio en el norte, y Caseros, Belgrano e Iriondo en el sur.
“Se establecieron órdenes de prioridad de acuerdo a los departamentos que presentan mayor mortalidad dentro de la provincia”, indicó.
El seguimiento, parte central del programa
Detectar y tratar no es el final del proceso. El seguimiento es clave. “En el caso de una mujer que tiene una lesión detectada a través del programa de detección temprana, se realiza el tratamiento y luego requiere un seguimiento”, explicó la especialista.
Durante los primeros dos años, los controles son más frecuentes. “Probablemente hará un control cada seis meses por ese plazo de dos años, para luego volver a su esquema habitual”, detalló.
Además, la provincia implementó un programa de navegación que permite identificar a mujeres con estudios alterados y contactarlas para facilitar el acceso a colposcopías o tratamientos. “A través de los registros informatizados podemos llegar a estas mujeres y facilitar el acceso. Es una herramienta que está dando buenos frutos”, afirmó.
El impacto en los hombres
Aunque la mayor parte de las estrategias históricamente se enfocaron en el cáncer de cuello uterino, el HPV también afecta a los varones. “La vacunación está incluida en los varones a los 11 años para prevenir infecciones relacionadas al HPV como los condilomas y ciertos cánceres, fundamentalmente el cáncer de ano”, explicó Di Gregorio.
También mencionó el cáncer de pene y el de orofaringe, aunque aclaró que son menos frecuentes.
A diferencia de lo que ocurre en mujeres, en la población masculina general no existen programas de tamizaje de rutina. “En la población masculina no tenemos herramientas de detección temprana instaladas para ciertos cánceres que no son tan frecuentes”, señaló.
Sí existen lineamientos específicos para poblaciones de mayor riesgo, como hombres que viven con VIH y hombres con VIH que tienen relaciones con hombres, donde el cáncer anal es más frecuente.
En este contexto, la baja cobertura de vacunación en varones cobra especial relevancia. Sin programas de detección sistemática para la mayoría de los cánceres asociados al HPV en hombres, la prevención primaria se vuelve determinante.
“Es muy importante la vacunación en los niños a los 11 años porque estamos previniendo enfermedades oncológicas que no tienen detección temprana instalada”, subrayó.
Entre vacunación, detección, tratamiento y seguimiento, el cáncer de cuello uterino es uno de los cánceres casi totalmente prevenibles. El desafío ahora es sostener y ampliar las coberturas para que esa prevención llegue a tiempo, tanto en mujeres como en varones.
Con información de Aire de Santa Fe

