8M, violencia machista y desigualdad: ¿para qué necesitan un día las mujeres?

¿Para qué necesitan un día las mujeres? La pregunta se escucha cada año, en distintos tonos: curiosidad, ironía o desdén. Pero los datos se encargan de responderla. En la provincia de Santa Fe hubo 28 femicidios en 2025, según el relevamiento de Casa del Encuentro. Y Mumalá registró cinco entre enero y febrero de este año.

Los femicidios son el último eslabón de una cadena, y por eso hacen falta políticas de prevención y sanción, para que las violencias machistas no escalen.

Porque hacer la denuncia la mayoría de las veces no alcanza: las víctimas requieren acompañamiento y políticas activas para salir del círculo de la violencia.

Con la decisión del gobierno nacional de desfinanciar el programa Acompañar y todas las políticas de género, las provincias y municipios sostienen los espacios sin un Plan Nacional contra las Violencias ni presupuesto nacional.

El abandono de Nación

“El impacto es impresionante porque no hay nada, no llega ningún recurso”, sostuvo en una entrevista Andrea Travaini, secretaria de Géneros, Mujeres y Diversidades de la provincia. Aun así, desde la línea 144 y otros dispositivos les derivan actuaciones. “La provincia también recibe situaciones que son derivadas del Gobierno Nacional sin recibir ningún recurso para poder afrontarlas”, afirmó.

Lo mismo ocurre con el Programa de Salud Sexual: todos los insumos que enviaba Nación —tal como lo estipula la ley vigente— fueron discontinuados. Preservativos, anticonceptivos, misoprostol y mifepristona (medicamentos utilizados para las interrupciones de embarazos) son comprados —o producidos— por la provincia de Santa Fe.

Entre 2024 y 2025, la provincia compró más de 5 millones de preservativos peneanos y, en los mismos años, invirtió 4.425 millones de pesos en salud sexual. Además, el laboratorio público provincial (LIF) produce tanto anticonceptivos orales como misoprostol y mifepristona.

Obligaciones internacionales

La decisión del Estado nacional de abandonar las políticas de género, con un discurso que profundiza las desigualdades y la violencia, fue objeto de un profundo reproche del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), integrado por 23 expertas independientes de todo el mundo.

Con lenguaje diplomático, el Comité expresó en sus observaciones finales sobre Argentina que “observa con preocupación una marcada disminución de políticas públicas destinadas a abordar estereotipos de género y normas sociales discriminatorias”.

Señala tantos retrocesos en políticas públicas que sería tedioso mencionarlos todos, pero en las políticas contra las violencias, en especial, cuestiona el desfinanciamiento del programa Acompañar y la línea 144.

En distintos puntos, la CEDAW recomienda con urgencia que el Estado cumpla con sus obligaciones internacionales.

La desigualdad económica

Si se habla de economía, las mujeres también sufren la desigualdad. La brecha en la tasa de desocupación es de 1,5 puntos, ya que el índice es de 7,4% en las mujeres contra 5,9% en los varones.

Es una desigualdad actual, pero también a futuro. La brecha en la informalidad laboral es 2,5 puntos porcentuales mayor en las mujeres, donde alcanza el 38%, que en los varones. Es decir que hay más mujeres que trabajan sin aporte jubilatorio.

Estos datos forman parte de las conclusiones del informe “8M en perspectiva económica”, realizado en el marco del Observatorio de Género del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

Entre los datos más relevantes de ese informe, señalan: “Los ingresos de los varones son entre 27,3% y 29% mayores que los ingresos de las mujeres; esta brecha se amplía al 40% entre asalariadas/os informales”.

No son números fríos: se trata de personas con vidas precarizadas. Las mujeres trabajan en los sectores con menores salarios, y casi siempre relacionados con las tareas de cuidado. La más paradigmática es la participación de las mujeres en el trabajo doméstico, que es de 98,8%.

Empleos mal pagos, con altos índices de informalidad, sin derechos básicos como las vacaciones, las licencias médicas y la jubilación: estas mujeres engrosan en su gran mayoría el sector de las personas con menores ingresos.

Ellas son más pobres

Feminización de la pobreza no es una frase vacía: es la descripción de lo que ocurre en Argentina y en el mundo. A nivel global, se estima que el 70% de las personas pobres son mujeres.

Argentina se va acercando a ese grado de desigualdad. El CEPA lo midió así: “Las mujeres representan el 64,2% entre las personas más pobres. Este número significa un incremento frente al 61,4% registrado el año anterior”.

La feminización de la pobreza tiene su contracara, que es la masculinización de la riqueza. “A medida que avanzamos en los deciles, observamos una relación inversa: a medida que los ingresos aumentan, la presencia femenina se diluye hasta caer al 37,0% en el decil superior”.

Es decir que, entre las personas más ricas del país, el 63% son varones.

Impactos de la reforma

¿Cuánto impacta la reforma laboral recientemente aprobada en el Congreso en esta situación? La propia Organización de Naciones Unidas (ONU), a través de la CEDAW, señaló que se realizó “sin evaluaciones de impactos de género”.

“La ampliación de períodos de prueba, la flexibilización laboral y el debilitamiento de la negociación colectiva pueden afectar desproporcionadamente a las mujeres, especialmente a quienes asumen tareas de cuidado”, consideró el organismo internacional.

Jornadas interminables

Así lo entiende también la abogada laboralista y asesora sindical Luciana Censi.

“Frente a estas brechas de género y una reforma laboral que desconoce la desigualdad real ante el empleador y golpea a la organización y acción colectivas, se avizora un destino claro: agravar la exclusión de mujeres y disidencias. Sin sindicatos fuertes ni protección laboral, la desigualdad de género solo puede profundizarse”, consideró la especialista.

Y agregó que el denominado banco de horas “impacta directamente en la organización social del cuidado, históricamente feminizada”.

Esto significará “la exclusión de las mujeres del mercado laboral y un agotamiento psicofísico derivado de la doble o triple jornada (trabajo remunerado y trabajo del hogar)”.

Pero también un efecto contrario al que el gobierno dice buscar. Si cada vez hay que trabajar más para ganar menos, la maternidad resulta un proyecto cada vez más difícil. Censi habla de “una crisis de la reproducción social”.

“Somos las mujeres y disidencias quienes gestamos y tenemos asignados en esta sociedad capitalista los roles de sostenimiento y cuidado de la clase trabajadora, en mayor medida”, subraya.

Sigue siendo necesario

¿Es necesario un día de la mujer? La pregunta nunca se apagó, pero en los últimos años resurgió con fuerza, de la mano de la ola antifeminista que inundó el espacio público, en especial el virtual.

En 2026, el 8M es necesario, como nunca. Por su densidad histórica, por aquellas que lucharon por la jornada laboral de ocho horas y por las socialistas como Clara Zetkin que en 1910 organizaron el primer “Día de la mujer trabajadora”.

Por todo eso, sí, es necesario que exista el día de la mujer.

Pero también porque sirve para hacer visibles estas desigualdades y muchas más.

Que, de tan consolidadas, son como el aire que respiramos.

Con información de Aire de Santa Fe

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