Cáncer: actividad física durante la quimioterapia, un nuevo paradigma

El video que muestra a Ivana Rodríguez saliendo de un sanatorio rosarino acompañada por su médico oncólogo después de hacer la última quimioterapia, recibiendo el abrazo y el apoyo de su familia se hizo viral. La escena es habitual en una institución médica, y no por ser frecuente deja de conmover. Esa mezcla de alivio, alegría y esperanza que solo los que atravesaron por una enfermedad como el cáncer, y sus seres queridos, pueden comprender en su magnitud. La particularidad, en este caso, es que apenas unos días antes la joven se había recibido de médica y eso fue lo que captó la atención en las redes. “Porque los proceso no siempre detienen los sueños”, escribió Sebastián Torres, el especialista que la atendió y quien compartió, justamente, esas imágenes que recorrieron la ciudad, el país y hasta otros lugares del mundo.

“Detrás de cada tratamiento hay una historia, y algunas, como esta, merecen ser celebradas“, detalló el profesional, en un emotivo posteo.

Conociendo un poco más lo superó Ivana, guiada por su equipo médico, surgen otros datos importantes, como por ejemplo, que entrenó físicamente y fue acompañada por un profe y una kine durante la quimio.

El proceso que una persona atraviesa para controlar o tratar de curar el cáncer es siempre muy personal y complejo. Toca un montón de aspectos médicos e implica un recorrido sensible y profundo, que tiene etapas. Todas ellas “cruzadas” por cambios en la vida de esa persona y su entorno. Y tal como lo dijo Torres, en cada historia se entrelazan un montón de situaciones, algunas de las cuales merecen ser contadas.

“Tengo una mirada integral de los pacientes, bio psico social, alejándome de la mirada hegemónica, que es la biológica, tradicionalmente. Entonces les sigo siempre a mis pacientes en tratamiento: pensemos en esto como si fuese una mesa en la cual, en una pata están la cirugía, la quimio, el tratamiento sistémico pero hay otra que es la alimentación (una buena nutrición que repercute en el sistema inmune, en cómo se tolera este proceso, en el descanso, en lo metabólico); también la pata de lo emocional, que es una de las columnas vertebrales del tratamiento y la actividad física que es un antidepresivo natural (comprobada científicamente la liberación de serotonina, endorfina y dopamina)”, señaló Torres a La Capital, quien agregó que hay otro aspecto crucial: la actitud con la que la persona encara lo que le toca vivir.

Por eso, dentro del equipo que trató a la paciente está Torres (al frente) y otros profesionales del Sanatorio Parque, pero también hay expertos que fueron parte importante de la recuperación, y que no siempre son tan visibles, aunque su tarea sea fundamental.

Rocío González, licenciada en Kinesiología y Fisiatría, especialista en Rehabilitación Oncológica, y Luciano “Pachi” Meritano, licenciado en Educación Física, acompañaron a Ivana durante el tratamiento aportando un aspecto no tan conocido y cada vez con más evidencia científica: la actividad física y la kinesioterapia durante la quimio.

“El doctor Torres siempre le dijo que había cuatro pilares fundamentales: la quimioterapia, la alimentación, la salud mental y el entrenamiento físico”, comentó Meritano a este diario. Ivana ya venía entrenando con él y fue quien la contactó además con la kinesióloga, ya que ambos son profesores en la Universidad del Gran Rosario (UGR).

Los desafíos

González, la “kine”, dio detalles de los problemas frecuentes que se presentan en pacientes que realizan tratamientos de quimioterapia y cómo el ejercicio contribuye a un mejor estado físico y anímico.

¿Cómo se conforman ese equipo que trasciende lo médico y acompaña al paciente?

El abordaje debe ser necesariamente interdisciplinario, con comunicación fluida y objetivos terapéuticos compartidos. El equipo terapéutico se conforma según las necesidades del paciente pero habitualmente incluye al oncólogo tratante, kinesiólogo, profesionales de la actividad física y psicooncología, pudiendo sumarse otras disciplinas como nutrición o cuidados paliativos según cada caso. En el centro de la escena está el paciente, su vida y su historia: ese lugar no lo ocupa ni la enfermedad ni nosotros. Si lo entendemos así es más sencillo poner objetivos comunes vinculados a mejorar la calidad de vida del paciente. Por eso, el trabajo en equipo no es opcional sino un componente central en el proceso de atención.

Cuáles son los problemas habituales que presentan las personas en tratamiento de quimio en relación a la actividad física…¿Hay ejercicios mejores que otros?

En pacientes bajo tratamiento son frecuentes alteraciones que impactan directamente en la capacidad de realizar actividad física, las más comunes son la fatiga (relacionada propiamente al cáncer), el desacondicionamiento cardiorrespiratorio y la pérdida de masa y fuerza muscular. También pueden presentarse dolor de origen musculoesquelético o neuropático _como la neuropatía periférica inducida por quimioterapia_, disnea de esfuerzo y limitaciones en la movilidad. A esto pueden sumarse síntomas sistémicos como náuseas, astenia y trastornos del equilibrio, que condicionan la tolerancia al ejercicio y la participación en las actividades de la vida diaria.

En este marco, cómo se orienta la rehabilitación….

Buscamos modular esos síntomas y sostener la funcionalidad a lo largo del tratamiento, por eso no existe un ejercicio único o tratamiento estándar; la prescripción debe ser individualizada según el estado clínico, el tipo de tratamiento y la capacidad funcional del paciente. Aunque la evidencia respalda la combinación de ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza, ajustados en intensidad y volumen. Por otra parte, la adherencia (la constancia) es un factor determinante, por eso creo que es muy importante es priorizar aquellas actividades que el paciente pueda sostener en el tiempo, que resulten significativas y que cumplan con criterios de seguridad y progresión. En términos generales, el ejercicio aeróbico contribuye a mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y a modular la fatiga, mientras que el entrenamiento de fuerza es clave para preservar la masa y la función muscular, especialmente frente al desacondicionamiento asociado al tratamiento. Según cada caso pueden incorporarse además ejercicios de flexibilidad, movilidad y equilibrio, particularmente en pacientes con limitaciones articulares o compromiso neuromuscular.

Y con Ivana, ¿cómo trabajaron, cómo lograron objetivos?

Creo que “Ivi” entendió desde el inicio que el diagnóstico no fue una etiqueta que la definía y por el contrario tenía muchos otros “títulos” (algunos en proceso, cómo el de terminar la universidad), por eso pudimos plantear el tratamiento como un proceso colectivo, donde cada uno de nosotros (los profesionales intervinientes y ella misma) pusimos lo que teníamos para lograr su bienestar. Fue constante, disciplinada, por momentos testaruda, pero sobre todo ¡es una gran persona! Desde el comienzo adaptamos la actividad física que a ella la entusiasma para que aporte lo necesario a las etapas de tratamiento que atravesaba. Hubo momentos en los que definimos poner el entrenamiento entre paréntesis para evitar que aparezcan nuevos síntomas o que la fatiga sea extrema y otros en los que nos animamos a aumentar la intensidad o el volumen. Eso también es parte de la rehabilitación. Personalmente creo que no hay éxito o fracaso en la rehabilitación oncológica: hay objetivos flexibles orientados a sostener una buena calidad de vida y aportar entusiasmo en el proceso de la enfermedad.

El entrenador que acompaña

Meritano ya conocía a Ivana y entendió desde un primer momento que moverse era una de esas “patas” de las que habla el oncólogo y que estaba dispuesto a acompañarla, como a otras personas en situaciones similares.

“En el marco del tratamiento oncológico, en este caso la quimioterapia, sumar entrenamiento de fuerza y resistencia tiene de bueno que mejora el metabolismo basal y por ende hace mucho más tolerable el proceso. Vemos que hay pacientes que logran estar menos cansado y tiene más autonomía”, dijo.

El ejercicio físico colabora también con una mejora del sistema autoinmune _con la liberación de las mioquinas, que son pequeñas proteínas y citocinas liberadas por el músculo esquelético durante la contracción (el ejercicio físico)_, destacó el licenciado. Y “además ayuda a controlar la inflamación crónica“, señaló.

En relación al músculo, cada vez hay más evidencia de su importancia como órgano endócrino, señaló. En definitiva “tanto con el entrenamiento de fuerza como con el entrenamiento aeróbico, adaptado a cada situación, mejora todo lo que es la funcionalidad del paciente, incluido el estado de ánimo, que es tan importante”, enfatizó Meritano, y agregó: “Eso de no hacer nada, no va más, por supuesto hay que tener en cuenta que una persona en tratamiento oncológico tiene ciertas limitaciones y necesidades específicas, pero con un buen plan y acompañamiento, se puede”.

Con información de La Capital

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