“La pandemia que nos irrumpió desnudó en nuestra sociedad actitudes y formas de vida que se fueron enquistando en nuestra cultura y que nos reclaman una reflexión.
Vivimos tiempos de pruebas y de cambios, no sólo por este virus que revolucionó nuestra cotidianidad, sino también por esta sociedad agitada y contradictoria.
Vivimos tiempos difíciles donde nos cuesta reconocer nuestros errores, donde todo es contestario y negatividad.
Vivimos tiempos de grandes desigualdades sociales, de injusticia, de ambición desmedida, una marcada indiferencia y sobretodo una mirada hacia el otro en el que se pierde la idea y el sentimiento de fraternidad.
Creímos, por un momento, que íbamos a cambiar mágicamente con el bozal que nos colocó la cuarentena, sin embargo, con el correr de los días, nos fuimos dando cuenta que todo seguía igual, no solo, en la sociedad en su conjunto, sino también, en el interior de cada corazón, quizá solamente notamos que afloró lo mejor de nosotros y también lamentablemente lo peor de nosotros.
Y celebramos en este contexto, la fiesta patronal de nuestra ciudad: Ntra. Señora de la Merced.
A ella, nuestra Madre, acudimos para pedirle que finalice esta pandemia, para que dé consuelo y fortaleza a nuestros enfermos, ancianos, a todas las personas y familias que de manera particular se vieron afectadas por este virus.
A María también le decimos que interceda ante su Hijo para que reciba en el cielo a tantos hombres y mujeres que a lo ancho y largo del mundo han partido a la casa del Padre, no sólo por la enfermedad del coronavirus, sino también, por otras causas de muertes a las cuales el distanciamiento impidió hacer un legítimo duelo.
Por último, pedirle a la Virgen, por cada uno de nosotros, para que su amor maternal, su ejemplo de vida y su intercesión celestial nos ayude a transformar este tiempo de prueba en una nueva y gran oportunidad.
Oportunidad para mirar la vida de otra manera. Dios muchas veces nos cambia los planes, no para entorpecer nuestras vidas, sino para que aprendamos, para que aprovechemos la novedad y nos abramos a las sorpresas de una nueva etapa…
Oportunidad para revisar nuestros criterios y comportamientos, tantas veces cargados de individualismo (sálvese quien pueda), de orgullo (yo siempre tengo razón), de impaciencia (todo ya), de hipocresía (yo soy el bueno y los otros son los malos), de sensualidad (nada está prohibido)
María de la Merced, Tú que aceptaste el plan de Dios, que te dejaste sorprender con su propuesta divina, que aprovechaste cada acontecimiento meditándolo en tu corazón, que supiste acompañar en el dolor y con ternura maternal, abrazar a cada uno de tus hijos.
Ayúdanos a aceptar la voluntad de Dios, a dejarnos sorprender por sus planes aunque muchas veces no los comprendamos, a madurar en la fe y en el amor.
Líbranos de las cadenas del egoísmo, que nos reduce la mirada a nuestros propios intereses.
Líbranos de las cadenas de la soberbia, que nos hace creernos que somos los mejores y colocarnos por encima de los demás.
Líbranos de las cadenas de la ansiedad, que confunde las urgencias con las verdaderas necesidades.
Líbranos de las cadenas de la hipocresía, de aparentar lo que no somos y de ocultar de forma negadora los males que nos afectan.
Líbranos de las cadenas de las adicciones a las drogas, al alcohol, a la pornografía, a la pantalla, al juego, a las compras compulsivas y cada una de las cadenas personales.
Líbranos de las injusticias y de la corrupción que denigra, empobrece y mata más que esta pandemia.
María de la Merced, nosotros tus hijos, hoy más que nunca, expresamos que te necesitamos, te amamos y queremos que nos ayudes a romper con todo aquello que nos impide vivir como auténticas personas, como verdaderos hermanos, como buenos hijos tuyos y del Padre Celestial.”

