“Era mi último mandato, pero después de las operaciones que sufrí voy a seguir”

Después de un 2020 agitado y que lo tuvo en el centro de la escena, el senador Armando Traferri volvió recargado de sus vacaciones: dijo que en el primer año de gobierno de Omar Perotti “la relación con los demás poderes dejó mucho que desear” y reconoció que tuvo más diálogo con mandatarios socialistas como Antonio Bonfatti —a quien calificó como “un amigo”— y Miguel Lifschitz que con el rafaelino.

Antes de la entrevista con La Capital, el ex intendente San Lorenzo pidió no hablar de la causa judicial sobre juego clandestino —a la que definió como “una operación”— porque su abogado está de viaje, pero en la charla habló de todo y de todos: los cargos en el gobierno, la pulseada en la Legislatura, las acusaciones del ministro Marcelo Sain, quiénes son los mejores candidatos del peronismo para las próximas elecciones y la necesidad de un recambio generacional.

—El año pasado fue un año complicado por la pandemia, la vuelta del peronismo al gobierno después de doce años, ¿Cuál es su mirada de lo que pasó políticamente en la provincia en 2020?

—Es cierto, fue un año distinto, enfrentamos una situación que no conocíamos y no nos permitió funcionar como quisiéramos. Más allá de eso, cuando miro la producción legislativa, fue un año muy bueno: yo presenté 44 proyectos de ley, y más de 200 si sumo los de comunicación y pedido de declaración. Por otro lado, quedaron en evidencia las desigualdades sociales y aparecieron incógnitas sobre la educación: no comparto que todos pasen de grado. Si tu hijo no aprendió los contenidos de cuarto, no me imagino cómo va a aprender los de quinto.

—¿Y el gobernador Perotti aprobó el examen?

—Es muy difícil calificar un gobierno en pandemia. En cuanto a cómo abordó la pandemia, le pongo 9 puntos, pero si veo cómo enfrentó otras áreas, fundamentalmente la relación con los demás poderes, dejó mucho que desear. Faltó y sigue faltando mucho diálogo. El desafío más grande que tenemos los dirigentes políticos es lograr consenso. Enfrentarnos es muy fácil: te tiro piedras en lugar de tener la valentía de sentarme a discutir con vos. Muchas veces han dicho que acordamos, y todo eso se cae por la borda cuando ves los números de las elecciones. Mi departamento fue donde más diferencia tuvimos con el Frente Progresista: le sacamos 15 puntos a Antonio Bonfatti, a quien yo considero un amigo. Muchos se molestan porque parece que no podés tener un amigo en otro partido político. El abrazo entre Perón y Balbín nos dejó un mensaje: por sobre todas las cosas está la gente.

—¿Por qué resultó más fácil construir consensos con Bonfatti y Lifschitz que con un gobernador de su propio partido?

—Tuvimos más diálogo, pero no fue fácil, para nada: fueron muchas horas de reuniones y discusiones. Discutíamos prácticamente todos los miércoles con todos los presidentes de bloque lo que pretendíamos que venga para cada uno de nuestros departamentos, y de hecho logramos innumerable cantidad de obras públicas: escuelas, rutas, puentes. Las obras que llevo a la provincia para discutir con los gobernadores son las que nos plantean los intendentes y presidentes comunales, que son los que más saben de las urgencias.

—¿Cuándo se empezó a romper el vínculo con Perotti? Algunos dicen que estaba pactado que al NES le tocaba el ministerio de Seguridad y el gobernador no respetó ese acuerdo.

—No, nosotros no buscábamos cargos, queríamos ser parte del gobierno, y la verdad es que nunca pudimos llegar a pedirle nada. ¿Por qué? En ninguna de las cuatro o cinco reuniones que tuvimos nos pudimos poner de acuerdo en la metodología: ellos nos decían “dennos nombres y después Omar ve adónde van”. Nunca, nunca, jamás, pedimos el ministerio de Seguridad y desafío a cualquiera _el gobernador, Roberto Mirabella_ que lo diga. Es un puesto muy difícil y no tenemos gente para esa cartera. El mismo Miguel Lifschitz te puede decir que antes de asumir como gobernador un conjunto de senadores le dijimos que ponga mucho ojo en esa área porque es la más sensible, donde la política le tiene que dar respuesta a la sociedad.

—Vuelvo a la pregunta: ¿hubo un punto de quiebre con el gobernador?

—La falta de diálogo, de comunicación; radica todo ahí. Fijate que las veces que nos hemos reunido hemos acordado: en 2020 le votamos todas las leyes. Puedo mostrar en mi celular los mensajes de agradecimiento del ministro Walter Agosto por el que trabajo que yo hice con los diputados de la oposición para que se apruebe el presupuesto.

—En el gobierno también están enojados con las leyes que llaman “anti Sain”.

—No son anti Sain, porque él está hoy pero después vendrá otro ministro, o quizás sigue, porque tiene la capacidad de estar con Lifschitz, y ahora está con nosotros, es un caso raro (se ríe). Una de las leyes lo único que le pone es la condición de rendir cuentas una vez terminada la investigación, y la de incompatibilidades es de sentido común: él está embanderado con Perotti, y qué seguridad podés tener vos siendo un dirigente opositor de que desde el Organismo de Investigaciones no te armen una causa.

—¿Qué cree que busca el ministro cuando interviene de forma tan dura contra usted y el Frente Progresista?

—La verdad es que no se entiende. Si sos ministro y querés que te acompañen con las leyes, mínimamente tenés que tener un marco de respeto para quienes van a tratarlas. La difamación a toda la Cámara expresa que no tiene intenciones de que se aprueben las leyes de reordenamiento policial, que son muy buenas leyes. Quizás hacen falta algunos retoques, y no se va a combatir la inseguridad con ellas, pero bienvenido el debate.

—Sain dice que él es Perotti, ¿Cree que cuando habla también lo hace por el gobernador?

—Si dice “yo soy Perotti” y Perotti no lo desmiente, debe coincidir. Yo fui intendente, y si un secretario mío decía algo con lo que yo no estaba de acuerdo, la primera vez lo desautorizaba, y a la segunda le pedía la renuncia.

—Los ministros Sukerman y Corach dijeron que la relación con el bloque de senadores está “congelada”. ¿Hubo algún intento para tender puentes?

—No, aparte si está congelada es porque lo habrá dicho el gobernador: ni Sukerman ni Corach tienen autonomía para decirlo ellos, te lo garantizo. No entiendo por qué dicen eso cuando se necesita un diálogo para tratar las distintas leyes.

—¿Se siguen sintiendo parte del oficialismo después de todo lo que pasó?

_El peronismo llegó con un gobierno de coalición. Al no existir un conductor natural del peronismo somos todas tribus, por eso siempre hablamos de unidad en la diversidad. Tiene que haber un espacio donde los diferentes referentes de las corrientes que tiene el peronismo podamos discutir en el buen sentido de la palabra. Lo decía ayer (el jueves) en la Cámara: nosotros no ganamos porque queríamos ganar la provincia, ganamos para volver y ser mejores, y hoy no estamos siendo mejores de lo que fuimos antes. Dirigentes que pensábamos que iba a ser la última participación activa en cargos electivos por una cuestión generacional a veces sentimos una suerte de desencantamiento, porque pensamos que este gobierno era para llevar adelante un recambio generacional con dirigentes sub 40, para que se vayan formando en lugares de responsabilidad en el Estado. No vemos eso, al revés: vemos sub 60, y no es por descalificar.

—¿Estaba pensando en que era su último mandato?

_Lo había decidido, pero después de las últimas operaciones de las que fui blanco voy a seguir hasta las últimas.

—La semana pasada asumieron las nuevas autoridades del PJ santafesino. ¿Se viene una etapa de conducción más colegiada?

_Es el objetivo. La semana próxima nuestro espacio tiene una reunión con el presidente y la vicepresidenta y plantearemos que el partido tiene que ser el articulador de todas las líneas internas, donde se debata la marcha del gobierno, siempre con una crítica constructiva. La sociedad ve al gobierno de Omar Perotti y Alejandra Rodenas como un gobierno del justicialismo y el justicialismo somos todos, desde esa pertenencia podemos opinar.

—¿Le gustaría Agustín Rossi como candidato a senador nacional?

_No me cabe duda de que Agustín Rossi y Alejandra Rodenas son los mejores candidatos para expresar la unidad del peronismo. La fórmula que está dando vueltas, Mirabella y Sacnun, representa a un sector muy pequeño del peronismo: quedan afuera La Cámpora, el Movimiento Evita, La Corriente, el NES. Hay que buscar dirigentes que no sólo puedan hacer una buena elección, sino que contengan la mayor cantidad de expresiones del peronismo. Si el proyecto no te contiene, vamos inexorablemente a unas Paso.

*Fuente lacapital.com.ar

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