Vacunación Covid. Alejandra Lucca, la enfermera que aplicó la primera dosis en Santa Fe

Alejandra Lucca guarda en su poder el primer frasco de la primera vacuna contra Covid-19 que aplicó aquel 29 de diciembre. Cada frasco, recuerda, contenía 5 dosis: “Dosis que representan a personas”. Es decir que con ese mismo envase, tan pequeño y con una etiqueta escrita en un idioma desconocido para la mayoría de quienes habitamos estas latitudes (en ruso), vacunó a cinco integrantes de la Terapia.

“Como profesional todo fue muy vertiginoso. Primero, nadie pensaba que la vacuna iba a salir tan rápido porque necesita tiempo, y lo único que no se podía comprar acá era el tiempo”, dice ahora sobre la vacuna de Gamaleya que fue autorizada por la Anmat cuando estaba en fase 3.

Para Lucca el Día “D” fue el 23 de diciembre de 2020 cuando llegó al país el primer vuelo desde Rusia con el valioso cargamento de vacunas. El 28 ya estaban arribando las primeras dosis al Cullen. “Habíamos pasado un año difícil y la vacuna era la única esperanza que teníamos para luchar contra esto que es invisible; no se ve, pero mata”.

Lo que tampoco se había visto hasta ese día más que en fotos o por zoom, era el frasco de la vacuna: “Ninguno de los vacunadores había tenido ese frasco en sus manos”, pero si se hicieron capacitaciones a cargo de la directora de Programa de Inmunizaciones de la provincia Soledad Guerrero. Era un fármaco que planteaba varios desafíos, no solo porque estaba indicado para una enfermedad nueva, sino por su logística de conservación (a -18° en un freezer conectado a un generador), los recaudos para su manipulación (guantes aislantes para que el frío no quemara las manos) condición de termolabil del frasco (el líquido se volvía soluble entre 7 y 10 minutos después de permanecer a temperatura ambiente) y el plazo para colocar las 5 dosis (30 minutos).

29 de diciembre de 2020 en el patio del Hospital Cullen. En el centro Carlos Zucchella, después de recibir la vacuna, junto con la enfermera Alejandra Lucca. A la izquierda el director Juan Pablo Poletti y el jefe de la Región Salud Rodolfo Roselli, y a la derecha, el secretario de Salud Jorge Prieto. Foto: Guillermo Di Salvatore

“El objetivo era vacunar a velocidad crucero, lo más rápido posible a todo el personal”, pero sin perder de vista que podía generar alguna reacción adversa, se venían los últimos días de diciembre y con ellos, el habitual saldo de personas heridas en hechos de violencia y accidentes. “Con el Jefe del servicio de Terapia Intensiva (…) preparamos un equipo de urgencia, estábamos cuidando a quienes iban a cuidar la población”.

“La vacuna no es sólo la inoculación: hay un montón de logística detrás”.

Lucca recuerda aquel momento y los meses que siguieron como “una ola que iba pasando”, cuando las salas se iban convirtiendo a Covid. “En la sala 6 que es para personas heridas de armas de fuego, las 22 camas estaban ocupadas con pacientes conectados a oxígeno”.

Como ahora, casi en las últimas jornadas del año, aquel 29 de diciembre hizo mucho calor. Y también los días siguientes: “Todos trabajábamos con equipos de protección, antiparras, gorro, bata… No es cómodo trabajar así. Y el miedo. Porque si bien teníamos seguridad como profesionales, teníamos familiares en casa, en algunos casos padre y madre trabajaban en la Terapia y tenían hijos pequeños”.

– ¿Imaginabas que el ritmo de vacunación iba a aumentar de esta manera?

– En ese momento pensaba en nosotros, en nuestra población objetivo de hospitales y sanatorios. Pero nunca me imaginé la velocidad con la que se vacunó al resto de la población. Acá también destaco la logística que organizó Salud en conjunto con Desarrollo Social cuando abrió el vacunatorio en la Esquina Encendida.

– Como jefa del Vacunatorio del Cullen, no debe ser la primera vez que estás en un operativo de inoculación. ¿Esta experiencia te resultó extraordinaria?

– Esto fue extraordinario porque se luchaba contra algo que era nuevo e invisible, un virus respiratorio que mata. Nunca nos imaginamos que una vacuna iba a salir tan rápido. Se aprobó de emergencia en fase 3, mientras que para otras vacunas el proceso fue de otra forma.

Soy jefa de Vacunatorio pero la mayoría de los jefes de servicio del Cullen no cobran el cargo: somos un montón de valientes y tenemos puesta la camiseta. Nuestro horario es de 6 a 14, pero entrábamos a las 5 de la mañana y nos íbamos a a las 6 de la tarde; horas que no pagaron. No hay un incentivo especial para los vacunadores específicamente. Si bien a mi me tocó la población objetivo del hospital, los vacunadores se merecen un incentivo en toda la provincia. ¿Sabés lo que es estar con el equipo de protección o vacunar al personal de salud que iba con un evento coincidente y no sabía que estaba incubando Covid. Además, no todo es en la ciudad: hay gente que tiene que llevar la vacuna con un carro o a pie, y que para lograr su objetivo tiene que internarse en el monte con una heladerita.

– Ese día te preguntamos si te ibas a llevar el frasquito de la Sputnik a tu casa.

– Lo tengo al frasquito y lo miro. Cuando veo los números… porque después vino la antigripal. Dimos tres vueltas (1° y segunda dosis y antigripal) pero de este frasquito miraba la cantidad de dosis y pensaba: “son personas”. Son las personas que estuvieron para asistir al resto de la población.

Con información de El Litoral

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